El sitio iGaming Futuro informó que la expansión de la industria de apuestas en Brasil hacia el entretenimiento ganó un nuevo capítulo con la contratación de Ian Hunter por Netflix para liderar alianzas comerciales con empresas de apuestas deportivas y juegos.
La posición es la primera de la plataforma de streaming dedicada al sector de real-money gaming (RMG) y puede abrir espacio para una mayor interacción entre las marcas de apuestas y el público digital. Las empresas de apuestas ya tienen una presencia consolidada en eventos culturales, como el Carnaval, y en acuerdos con influencers, celebridades y atletas, además de ser grandes patrocinadoras del fútbol de primera división.
Ingresos y regulación
Las apuestas generaron alrededor de R$ 37 mil millones en ingresos brutos en 2025, con aproximadamente R$ 10 mil millones destinados al gobierno vía impuestos. En julio, el presidente Luiz Inácio Lula da Silva sancionó una legislación que eleva gradualmente la parte de los recursos federales de las apuestas destinada al Funapol, fondo de la Policía Federal, del 1% en 2026 al 2% en 2027 y al 3% a partir de 2028.
También en julio, el gobierno endureció las reglas de publicidad del sector, incluidos los avisos sobre los riesgos del juego y restricciones para la protección de los consumidores, como los menores de edad. La evolución regulatoria ocurre en medio del desafío de equilibrar el crecimiento económico de la industria y la protección al consumidor.
Mercado ilegal
El mercado ilegal sigue siendo una de las principales preocupaciones. Las estimaciones de la industria indican que una parte significativa de la actividad de apuestas aún ocurre fuera del marco regulado, en plataformas que no cumplen las reglas de juego responsable, publicidad y defensa del consumidor. Los operadores con licencia afirman que un entorno regulatorio sólido puede dar mayor seguridad jurídica y canalizar más empleo e impuestos hacia la economía formal.
La mayor exposición de la industria en el entretenimiento también aumenta los desafíos para los reguladores, quienes deben garantizar que la expansión comercial no entre en conflicto con las directrices de juego responsable. La próxima fase del mercado dependerá de la capacidad de Brasil para mantener una regulación que permita la competencia de los operadores legítimos y reduzca el espacio del mercado ilegal.



