Floot propone un camino diferente para la creación de aplicaciones: en lugar de un editor propio, se conecta a asistentes de IA que el usuario ya utiliza, como Claude, ChatGPT o entornos de código, mediante el protocolo de contexto de modelo. La construcción ocurre en la conversación; la plataforma se encarga del resto.
Ese resto es justamente lo que suele faltar en los prototipos: backend, base de datos, inicios de sesión, envío de correos, alojamiento y dominio, además de pagos e integraciones como Google y servicios de automatización. El resultado es una aplicación publicada, no solo un archivo de código.
La propuesta es interesante para quien ya tiene un flujo de trabajo apoyado en un asistente y no quiere cambiar de herramienta para poner una idea en marcha. También sirve para equipos que prefieren mantener la conversación como interfaz principal de creación.
La empresa tiene sede en San Francisco y participó del programa Y Combinator.

