Bill Gates alertó sobre el riesgo de desempleo masivo y permanente provocado por el avance de la inteligencia artificial y defendió cambios tributarios para reducir los incentivos a la sustitución de trabajadores. En un ensayo publicado este miércoles (26) gravar a los robots y el uso de IA, preservar ciertas funciones exclusivamente para los humanos y crear una nueva estructura internacional para gestionar los riesgos de la tecnología.

Para Gates, la transformación actual será diferente de los ciclos tecnológicos anteriores porque los sistemas de IA podrán sustituir no solo tareas manuales, sino también parte de la capacidad cognitiva utilizada en una amplia variedad de profesiones. Prevé impactos en empleos administrativos, programación, atención al cliente, medicina, industria y, posteriormente, trabajos físicos.

El empresario resume el dilema en una de las principales afirmaciones del ensayo: la tecnología podría convertirse en “el mayor igualador jamás inventado o la peor fuente de injusticia”. En su opinión, el resultado dependerá de las decisiones tomadas antes de que los efectos económicos y sociales de la automatización se vuelvan más difíciles de gestionar.

Gates prevé desaparición permanente de empleos

El mercado laboral ocupa una parte central de la advertencia. Gates rechaza la comparación directa entre la inteligencia artificial y las transiciones tecnológicas anteriores, como la sustitución gradual de empleos agrícolas por funciones administrativas en Estados Unidos.

En ese proceso, argumenta, el cambio ocurrió durante varias generaciones y las nuevas ocupaciones siguieron dependiendo de la cognición humana. Con la IA, las empresas pueden adoptar sistemas capaces de ver, oír, hablar y razonar usando computadoras y dispositivos que ya existen, reduciendo el tiempo necesario para la difusión de la tecnología.

Gates estima que sectores como derecho, atención al consumidor, medicina, desarrollo de software y manufactura pueden enfrentar cambios a lo largo de una década, en lugar de varias generaciones. Aunque deban surgir nuevas funciones, considera posible que sean insuficientes para reemplazar todos los puestos eliminados.

“Muchos empleos desaparecerán para siempre”, escribió.

Los primeros efectos, según él, deben afectar especialmente a los puestos de entrada y de nivel intermedio. Gates señala ventas, soporte al cliente, ingeniería de software y actividades de asistentes legales entre las áreas que pueden sufrir impactos antes.

El cambio no se limitaría al trabajo de oficina. Cree que los robots capaces de realizar tareas físicas comenzarán a competir con los trabajadores en segmentos como construcción y hotelería hasta el final de la década, a medida que los equipos se vuelvan más hábiles y baratos.

Gates describe además un efecto competitivo que puede acelerar la automatización. Cuando una empresa sustituye parte del trabajo humano y reduce costos, los competidores comienzan a enfrentar presión para hacer lo mismo. Si las empresas establecidas se resisten, nuevos negocios automatizados pueden entrar al mercado con gastos menores.

El resultado, en su opinión, puede ser una economía con menos empleos considerados buenos y con una mayor parte de los beneficios financieros concentrada entre los propietarios de las tecnologías. Los jóvenes serían especialmente vulnerables al enfrentar un mercado con menos puestos de entrada, tradicionalmente utilizados para adquirir experiencia profesional.

Impuesto sobre robots y tokens de IA

Una de las propuestas más concretas presentadas por Gates es un cambio en la tributación para reducir la ventaja económica de sustituir trabajadores por máquinas.

El empresario defiende el cobro de impuestos sobre robots y tokens de IA —unidades de procesamiento utilizadas por los modelos para recibir y generar información. El objetivo sería desacelerar parcialmente la sustitución de mano de obra y financiar programas de cualificación profesional y una red de protección social más amplia.

Gates argumenta que los sistemas tributarios actuales pueden crear un incentivo contrario. Las empresas pagan cargas relacionadas con el salario cuando contratan empleados, mientras que las inversiones en equipos y automatización pueden recibir un tratamiento tributario más favorable.

La tributación tendría que ser dirigida, según él, para evitar que el costo adicional perjudique aplicaciones consideradas socialmente beneficiosas, incluidas aquellas capaces de reducir gastos en salud y educación.

La discusión gana importancia porque la propia automatización podría presionar los ingresos públicos. Si menos personas están empleadas o comienzan a trabajar menos horas, los gobiernos recibirían menos impuestos sobre la renta justo cuando aumentaría la demanda de seguro de desempleo, recalificación y otros programas sociales.

Gates ya había defendido un impuesto sobre los robots años atrás y reiteró ahora que sigue apoyando la idea. Para él, los recursos recaudados deberían llegar principalmente a los trabajadores sustituidos, a las personas que sufran una reducción de salario o jornada y a las comunidades donde se concentren las pérdidas de empleos.

Los empleos podrían reservarse exclusivamente a las personas

Una segunda propuesta es crear una categoría que Gates llama “Human Reserved”, o “reservado a humanos”. La idea es impedir deliberadamente que determinadas actividades se automaticen por completo incluso cuando la tecnología ya sea capaz de realizarlas.

Compara el concepto con las reservas naturales: lugares que podrían recibir carreteras o edificios, pero permanecen protegidos porque la sociedad considera inaceptable la pérdida provocada por la intervención.

Gates cita como referencia a los cuidadores que acompañaron a su padre durante las etapas avanzadas de la enfermedad de Alzheimer. Para él, aspectos de esa atención dependían de una relación humana que no debería transferirse íntegramente a las máquinas.

La misma lógica podría aplicarse a situaciones médicas sensibles. Un robot técnicamente podría informar a un paciente de que padece una enfermedad incurable, ejemplifica Gates, pero la capacidad de ejecutar una tarea no significa necesariamente que la sociedad deba permitir su automatización.

El criterio también podría ser económico. Los gobiernos podrían preservar temporalmente determinadas funciones cuando la automatización provocara el despido de grandes grupos con pocas posibilidades de migrar rápidamente a otras profesiones.

La educación y la salud mental, por ejemplo, podrían adoptar modelos híbridos, con profesionales humanos responsables de la atención y herramientas de IA utilizadas para ampliar sus capacidades. Las reglas probablemente variarían entre países según factores económicos, demográficos y culturales.

El propio Gates reconoce que la propuesta deja preguntas sin respuesta, como quién decidiría qué profesiones se protegerían, qué criterios se utilizarían y cómo evitar que las empresas incumplan las restricciones.

Ciberataques, bioterrorismo y pérdida de control

La sustitución de trabajadores es solo uno de los tres grandes grupos de riesgos descritos en el ensayo.

El segundo involucra el aumento de la capacidad de personas, organizaciones y eventualmente de los propios sistemas de IA para causar daños. Gates advierte sobre fraudes, desinformación, deepfakes, vigilancia y ataques cibernéticos más accesibles para delincuentes con poca experiencia técnica.

Hospitales, instituciones financieras, redes de agua, sistemas eléctricos y plataformas utilizadas para distribuir beneficios públicos se encuentran entre las infraestructuras que considera vulnerables.

La misma naturaleza de doble uso aparece en la biología. La IA puede acelerar el descubrimiento de medicamentos y vacunas, pero Gates advierte que herramientas similares también pueden facilitar el desarrollo de agentes biológicos peligrosos.

También señala una posibilidad a largo plazo en la que sistemas suficientemente poderosos comiencen a actuar de maneras no previstas por sus desarrolladores y, eventualmente, contra los intereses humanos. Gates no presenta este escenario como una predicción inevitable y afirma que tiene la intención de abordar el tema con más detalle más adelante.

Gates advierte sobre el impacto de la IA en los niños

La tercera preocupación involucra el desarrollo de los niños, la educación y las relaciones humanas.

Gates teme que los compañeros virtuales extremadamente personalizados reduzcan los incentivos para que los jóvenes enfrenten situaciones sociales incómodas necesarias para el desarrollo de habilidades interpersonales.

Cita un estudio con más de 1.100 usuarios de compañeros de IA, realizado por investigadores de Stanford y Carnegie Mellon, en el que las personas con redes sociales más pequeñas mostraron una mayor tendencia a recurrir a los chatbots. Los usos más intensos y emocionalmente personales también se asociaron con peores resultados de bienestar.

En la educación, el empresario señala una contradicción: la tecnología puede ampliar enormemente el acceso al conocimiento, pero también permitir que los estudiantes dejen de realizar parte del esfuerzo cognitivo necesario para el aprendizaje.

El texto menciona una investigación preliminar que encontró una asociación entre el uso más intenso de IA y un menor pensamiento crítico, con un efecto más pronunciado entre los jóvenes. Gates relaciona el tema con el crecimiento de deepfakes y desinformación personalizada, un contexto en el que evaluar la confiabilidad de la información tiende a ganar importancia.

La IA también puede ampliar el acceso a la salud y la educación

A pesar del tono de advertencia, Gates no defiende interrumpir el desarrollo de la inteligencia artificial y dedica una parte sustancial del ensayo a los beneficios potenciales de la tecnología.

Ve aplicaciones en la investigación científica, la energía limpia, el cambio climático, la producción de alimentos y el desarrollo de medicamentos. Los sistemas capaces de procesar grandes volúmenes de literatura científica podrían ayudar a los investigadores a encontrar patrones y seleccionar experimentos prometedores.

En la salud, Gates cita herramientas capaces de analizar exámenes y ayudar a equipos médicos en hospitales sin especialistas disponibles localmente. También prevé sistemas para apoyar a los médicos de atención primaria, ayudar a los pacientes a interpretar exámenes y dar seguimiento a los tratamientos.

En la agricultura, considera que algunas de las mayores ganancias pueden ocurrir en países de bajos ingresos. Los agricultores que actualmente tienen poco acceso a pronósticos meteorológicos, información sobre semillas, enfermedades animales y condiciones del suelo podrían recibir orientación personalizada mediante IA.

Los servicios públicos son otra área destacada. Los sistemas podrían ayudar a los ciudadanos a lidiar con procesos burocráticos para solicitar seguro de salud, ayuda estudiantil o asistencia alimentaria y, al mismo tiempo, reducir los costos administrativos.

En la educación, Gates defiende herramientas que preserven lo que los investigadores llaman “esfuerzo productivo”: en lugar de proporcionar automáticamente una respuesta al estudiante, la IA podría orientar el razonamiento y permitir que los profesores dediquen más tiempo a la atención individual.

La Fundación Gates pretende ampliar el uso de la tecnología

La IA también tendrá un papel directo en los proyectos filantrópicos vinculados al empresario. Gates afirmó que la fundación tiene 19 años para gastar los US$ 200 mil millones restantes de su patrimonio y pretende utilizar inteligencia artificial en iniciativas de salud, agricultura y educación.

Entre los objetivos están acelerar las investigaciones de vacunas y medicamentos contra el VIH, la tuberculosis, la malaria y la desnutrición, y ayudar a los profesionales de la salud y a los pacientes a utilizar nuevas herramientas.

Gates dijo además que OpenAI, Anthropic, Google y Microsoft están trabajando con la fundación en diferentes iniciativas. Una de las prioridades será ampliar la disponibilidad de modelos en los idiomas que se hablan en los países donde la organización opera, en lugar de concentrar los recursos solo en las lenguas más utilizadas en las economías ricas y de ingresos medios.

Nueva organización internacional para la inteligencia artificial

La principal recomendación institucional presentada en el ensayo es la creación de una nueva arquitectura de gobernanza para gestionar la transición.

Gates argumenta que los organismos públicos actuales se construyeron para abordar por separado el trabajo, la seguridad, la salud, la tributación, la energía o la educación. La inteligencia artificial, por otro lado, puede afectar simultáneamente empleo, elecciones, sistema financiero, seguridad nacional, salud pública, transporte, energía e infraestructura digital.

A nivel nacional, defiende organismos capaces de coordinar prioridades entre diferentes agencias e identificar riesgos que podrían quedar sin un responsable específico dentro de la estructura tradicional del Estado.

Como las amenazas digitales y biológicas pueden cruzar fronteras, Gates considera necesaria una institución internacional dedicada a la IA. La organización podría incorporar elementos de los sistemas existentes para inspecciones nucleares, reglas internacionales de aviación y acuerdos ambientales, aunque no presenta un diseño institucional cerrado.

La propuesta exigiría algún nivel de cooperación entre Estados Unidos y China, además de un diálogo entre los países que concentran a los principales desarrolladores de IA y los componentes críticos de la cadena de suministro.

Para Gates, este proceso debe comenzar antes de que una crisis obligue a los gobiernos a reaccionar de prisa. “No tenemos el lujo de avanzar lentamente”, afirmó.

Defiende que los líderes reúnan a economistas, especialistas en tecnología y trabajo, empresarios y trabajadores para identificar fallas en las instituciones existentes y determinar qué nuevas autoridades serán necesarias.

Gates también afirmó que pretende aumentar su participación personal en este debate. Dijo que llevará la relación entre la IA y la desigualdad a las conversaciones con los legisladores en Washington, líderes internacionales y ejecutivos responsables del desarrollo de los principales modelos.

El posicionamiento es más cauto que el presentado por Gates en 2023, cuando publicó el ensayo The Age of AI has begun y comparó la inteligencia artificial con las transformaciones provocadas por la computadora personal, Internet y el teléfono celular.

Ahora, Gates sostiene que la velocidad y la capacidad de sustituir la cognición humana hacen inadecuadas algunas de las comparaciones con las revoluciones tecnológicas anteriores. Aunque sigue considerando la IA una posible herramienta para reducir las desigualdades, su evaluación es que los beneficios no se distribuirán automáticamente y que dejar la adaptación solo a las fuerzas del mercado puede ampliar la concentración económica.

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