Google colocó en órbita el primer prototipo del Project Suncatcher, iniciativa que investiga si la infraestructura de computación para inteligencia artificial podrá operar en el espacio. El satélite, desarrollado en colaboración con Planet, fue lanzado el jueves (1º) en la misión Transporter 18 de SpaceX, y la empresa confirmó que estableció contacto con el equipo y que este funciona según lo previsto.

El lanzamiento marca el paso del proyecto de pruebas predominantemente terrestres a experimentos en condiciones reales de órbita. En las próximas semanas, Google pretende medir cómo sus TPUs manejan la vibración, la radiación y los extremos térmicos, factores que deben dominarse antes de que la idea de ejecutar grandes cargas de IA en el espacio pueda avanzar.

El equipo lanzado aún está lejos de representar un centro de datos orbital completo. Se trata de un prototipo orientado a validar componentes y soluciones de ingeniería que podrían, en el futuro, integrar constelaciones de satélites con capacidad de procesamiento distribuido.

Antes del lanzamiento, Google sometió TPUs Trillium a pruebas con haces de protones en el Crocker Nuclear Laboratory, de la Universidad de California en Davis. Según la empresa, los chips soportaron una dosis total de radiación superior a la estimada para una misión espacial de cinco años. La operación en órbita permitirá verificar cómo se reproduce ese comportamiento fuera del laboratorio.

La refrigeración es uno de los principales obstáculos

La disipación de calor está entre los problemas centrales del proyecto. Los centros de datos convencionales dependen de sistemas basados en circulación de aire o líquidos, mientras que en el vacío espacial el calor debe transferirse y luego irradiarse al ambiente.

Google desarrolló una combinación de tubos de calor y radiadores y ya probó el sistema en una cámara de vacío térmico. El prototipo en órbita permitirá observar su rendimiento en condiciones reales, donde las variaciones térmicas y la exposición solar son diferentes de las que se encuentran en instalaciones terrestres.

La energía es justamente una de las razones para explorar este modelo. Según investigaciones del proyecto, los paneles solares posicionados en determinadas órbitas pueden producir hasta ocho veces más energía que sistemas equivalentes en la Tierra y operar con exposición casi continua al Sol.

Otro desafío está en la comunicación. La arquitectura imaginada por Google prevé grupos de satélites con decenas de TPUs conectados por enlaces ópticos de alta velocidad. Para funcionar como una infraestructura de computación integrada, esos equipos necesitarían intercambiar grandes volúmenes de datos mientras se desplazan en órbita.

La próxima etapa prevista para 2027 implica poner dos satélites en órbita para probar esa comunicación por láser. Hasta entonces, los datos recopilados por el prototipo actual se usarán para identificar fallas y orientar nuevos diseños de hardware, refrigeración y sistemas orbitales.

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