El avance de las inversiones en inteligencia artificial está creando nuevos riesgos para la estabilidad financiera global, afirmó este jueves (10) Pablo Hernández de Cos, director general del Banco de Pagos Internacionales (BIS). La alerta involucra valoraciones elevadas, concentración de mercado y una dependencia creciente de la deuda para financiar la expansión del sector.
Las cinco mayores empresas globales de tecnología deberán gastar más de US$ 1 billón en inversiones relacionadas con la IA entre 2025 y 2026, según una estimación del BIS. Las proyecciones del sector indican que la inversión mundial podría saltar de unos US$ 500 mil millones actuales a entre US$ 3 billones y US$ 4 billones para 2030.
La escala ya es suficiente para influir en el crecimiento, el comercio y los mercados financieros. Los centros de datos, los semiconductores especializados, la infraestructura de nube y los equipos concentran una parte significativa de las aportaciones, mientras que las empresas vinculadas a la IA ganaron peso en las bolsas y en los gastos de capital de las grandes economías.
Deuda y concentración amplían el riesgo
Según Hernández de Cos, los gastos de las mayores compañías comienzan a superar sus flujos de caja, lo que aumenta el uso de deuda y crédito privado. Parte del financiamiento también se produce mediante estructuras consideradas poco transparentes e interconectadas entre fabricantes de chips, proveedores de computación y empresas de IA.
Uno de los ejemplos citados por el BIS es el llamado financiamiento circular, en el cual los fabricantes de chips y los grandes proveedores de infraestructura compran participaciones en empresas de IA que, a su vez, asumen compromisos para adquirir sus equipos o capacidad computacional. Estas relaciones pueden dificultar la evaluación de las exposiciones financieras entre las compañías.
El riesgo aumenta si los retornos comerciales de la tecnología quedan por debajo de las expectativas. En ese escenario, una reducción de las inversiones podría provocar una caída en las valoraciones de las empresas y afectar a acreedores y proveedores expuestos a la expansión de la infraestructura de IA. El BIS también señala que la concentración de las valoraciones en pocas compañías puede ampliar la transmisión de una eventual corrección hacia otros mercados y hacia el consumo.
El organismo no afirma que una crisis sea inevitable. Hernández de Cos comparó, sin embargo, la dinámica actual con otros ciclos de grandes inversiones tecnológicas, como la expansión ferroviaria británica del siglo 19 y el boom de las empresas de internet a finales de los años 1990, períodos en los que el volumen de capital aplicado terminó superando los retornos obtenidos posteriormente.
Al mismo tiempo, el BIS reconoce el potencial económico de la inteligencia artificial. Estudios citados por el organismo señalan ganancias de productividad de 10% a 65% en tareas específicas, especialmente en programación, consultoría y producción de textos profesionales. La duda es cuánto de esa ganancia podrá transformarse en un aumento sostenido de la productividad de toda la economía.



